martes, 11 de noviembre de 2014

El amor ¿tiene edad?

Ella tiene 38 años y su marido 50. Son guapos y tienen unos buenos trabajos. Él tiene una hija mayor de edad de su primer matrimonio y ella quiere ser madre por primera vez. Él no quiere ser padre por segunda vez porque el tema de educar a otro hijo le queda muy de lejos y además no tiene ganas.

Este matrimonio es amigo de mi hermana. Ella, la chica en cuestión, está embarazada de muy pocas semanas y ya ha tenido con el marido la típica conversación con la frase "vamos a perder la libertad". El supuesto egoísmo de él no llega a querer privarle a su mujer de la experiencia de ser madre, pero él sigue con sus costumbres de siempre. Sus amigos le dicen que quien va a perder aquí la libertad de vivir una vida sin los problemas y las complicaciones que da un hijo es ella, no él.

Él en este tema está de vuelta. Entonces ¿el amor tiene edad?  Para enamorarte o querer a alguien no hay edad, pero para hacer planes juntos pienso que la hay.

Conozco matrimonios de personas mayores en los que ella todavía tiene ganas de salir y de hacer cosas pero que su marido (12 años mayor que ella) ya no tiene ganas de seguirle el ritmo. Al contrario también sucede. 

¿Hay que renunciar a proyectos que van con la edad, como tener hijos, por un amor con una persona mayor?

El hombre ¿piensa lo mismo que la mujer? ¿Tiene la misma capacidad de sacrificio? 

Luego dicen que las relaciones entre personas son fáciles...


jueves, 24 de julio de 2014

Cabeza y corazón

Una de las claves para tener una relación de pareja es tener conectada la cabeza con el corazón. Esto y otras cosas, pero si la conexión entre estas dos partes importantes de nuestro cuerpo falla lo demás no sale bien. El corazón siente y el cerebro decide. 

La de veces que habremos estado en una tienda de ropa y nos hemos dejado llevar por el corazón al comprarnos esa prenda que no necesitamos pero es tan bonita. Alguna vez hemos escrito una carta con el corazón sin pensar en las consecuencias. O nos hemos declarado a alguien sin poner ni una pizca de cabeza, solo corazón, puro y duro. 

Pero qué ocurre cuando estás con alguien pero tienes en la mente a otra persona. Hablaba de esto con una amiga. Mi amiga pensaba que si tienes a alguien metido en la cabeza es muy difícil mantener una relación con otra persona, porque cualquier cosa te recordará a "la otra". Qué complicados somos. 

Qué es más fuerte, la cabeza o el corazón. Qué es más importante dentro de una relación el corazón con el que se ama y se siente o la cabeza con la que se piensa y se recuerda. A qué le damos más valor, a un sentimiento que sale del corazón o a un pensamiento que permanece. Qué es más fácil de controlar, un latido o una imagen guardada en nuestra memoria. 

¿Es posible tener una relación sin que no exista esa conexión? ¿Se puede ser feliz? Nunca he estado en esa situación, cuando he empezado una relación siempre he tenido conectados estos dos órganos. Son importantes los dos, si acaso la mente algo más porque un pensamiento, un recuerdo hace que se produzcan esos latidos, esa aceleración del pulso. En el caso contrario me halagaría más que alguien me dijera que me tiene constantemente en su cabeza porque a veces es quien manda sobre el corazón.

El cuerpo humano es un máquina casi perfecta, somos nosotros los que nos empeñamos en ponerlo a prueba.

Una faena.

jueves, 17 de julio de 2014

Lastres

Hoy he tomado la decisión de tirar las cosas que no uso desde hace tiempo. Esos objetos que una vez tuve, los usé, pero que ya no les doy utilidad y lo único que hacen es ocupar espacio. Y como soy una sentimental para todo, cogí dos bolsas. Una para las cosas que quise tirar definitivamente y la otra para el "por si acaso" luego las echaba de menos.

Qué cantidad de cosas tenía acumuladas. ¿En serio necesitaba todo eso? La bolsa destinada a deshacerme de las cosas se iba llenando sin pensar mucho en lo que depositaba ahí, la otra, tenía menos cosas pero me costaba no ponerlas ahí.

Una vez que tiré la bolsa de deshechos inútiles me sentí menos pesada, pero me quedaba la otra. La de los por si acaso en unos días los echaba de menos.

Pero son cosas. Cosas que no hablan, que no respiran, que no se mueven... Cosas que sí me gustaron en su momento pero dejaron de hacerlo sin más.

Es mucho más difícil llenar esas bolsas de personas. Para las personas tengo tres bolsas. Una para las que no quiero que jamás se vayan de mi lado. Otra para las que quise lo primero pero que por razones han querido salir de ahí y ocupan las del por si acaso y la tercera es para las que jamás quiero que vuelvan. 

En la del por si acaso hay personas a las que quiero, me han hecho feliz, que han estado conmigo durante bastante tiempo y que por alguna razón se han alejado, pero siguen estando ahí. 

De la bolsa del por si acaso, voy a intentar rescatar a una persona que quiere retomar conmigo de nuevo la amistad de años que tuvimos. Hemos quedado para hablar y para intentar arreglar nuestra relación. Sé que va a salir bien. 

¿No debemos dar segundas oportunidades a una relación de amistad que se rompió durante unos meses? Los años de feeling, de contar el uno con el otro, de escucharnos, de llorar juntos y reírnos hasta dolernos la cara ¿tienen el peso suficiente para arreglar la grieta que nos separó? Creo que sí y por eso existe esa bolsa. Porque no hay que darlo todo por perdido cuando alguien te importa de verdad. 

Eso sí, hay personas en el saco del por si acaso que pronto, muy pronto, irán al contenedor definitivo y pasarán al olvido.

¿Está mal tratar a algunas personas como simples objetos? Tenía muchas ganas de quitarme ese lastre de encima, limpiar el alma de personas que solo ocupan espacio sin aportar nada más. 

Quitarse lastres y andar más ligera. A fin de cuentas vamos comprando cosas nuevas y conociendo gente nueva, que se quedarán o no. De eso trata el mundo de las relaciones y yo, ya tengo preparados tres recipientes nuevos. 

jueves, 3 de julio de 2014

Pobres niñas

Ya han pasado unas semanas de la proclamación del nuevo Rey y he esperado el tiempo prudencial para escribir sobre un comentario sobrecogedor. 

He leído en blogs opiniones sobre la nueva Reina y he escuchado comentarios ridículos y absurdos. Observaciones también de gente de a pie. Uno de ellos fue "pobrecitas las niñas". Al principio me chocó mucho ese comentario que también lo ha hecho alguna que otra periodista. Mi primera reacción, la que sale sola sin pensar mucho es "¿pobres esas niñas?, pobres los niños que no tienen para comer, que no tienen posibilidad de ir al colegio, que no saben lo que son unas vacaciones en la playa..." Esas "pobres niñas" tienen una vida cómoda asegurada, buenos médicos, saben que mañana van a comer, que en verano se van de vacaciones y lo que para nosotros es un problema, para ellas ya se lo dan resuelto. 

Esta es la primera contestación sin mirar la otra cara de la moneda. Pero pensándolo mejor, decir "pobres niñas" es quedarse bastante corto. Pobres porque han nacido con un destino impuesto, o al menos con un camino que hay que seguir, serán observadas, cuestionadas, criticadas, y pobres si sacan los pies del plato...

Hablaban de Leonor, de la Princesa de Asturias y de la preparación que ya está recibiendo. Una educación como la que su padre recibió, militar también, por supuesto, le guste o no. Tanto ella como su hermana aguantaron toda la jornada de proclamación como verdaderas adultas. Están educadas así, para eso.

Todo esto me llevaba a pensar en el destino de cada persona. Nacemos con un destino se supone mejor o peor escrito, pero esta niña ¿lo tiene impuesto? Sí. Su educación es diferente al resto de niños de su edad, observada, mirada, estudiada, cuestionada...¿alguien envidia ser reina de España? ¿Princesa? Yo, sinceramente, no. Tengo mi trabajo, estudié lo que quise, elegí a mis amigos y a mi pareja, entro y salgo sin darle cuentas a nadie, voy de compras, como donde quiero. No estoy sujeta a una agenda ni tengo que avisar de dónde o con quien voy.

Si Leonor decidiera renunciar a la corona porque no quiere esa responsabilidad y la cambia por su libertad, la que se liaría. Es más, pienso que desde ya le estarán inculcando que eso no puede ser. Que nació para ser reina porque es hija de reyes y que ha estado preparándose para eso durante toda la vida. 

Ser reina no es una lotería, es un papelón. Y yo también soy reina. Lo soy de mi casa, de mi vida, de mi destino.

Y ahora, después de varios días, tengo que darle la razón a esa señora que comentaba "pobrecitas niñas".


domingo, 16 de marzo de 2014

Te quiero mucho

La de veces que habremos dicho "te quiero mucho". Se lo decimos a nuestra pareja, a un hermano, a nuestros padres...y ¿a nuestro amigo? ¿a esa amiga que está ahí para lo bueno y lo malo? 

Ahí parece que cuesta un poco porque un te quiero cuesta, hay que sentir mucho para decirlo, hay que ser un valiente para resumir tanto en tres palabras. 

Y yo conozco a alguien así de valiente , que no sé si tiene o no hueco en el pecho para un corazón tan grande. Pero lo que tengo claro es que tuvo el arrojo suficiente para enviarme un mensaje al móvil con estas tres palabras "te quiero mucho".

Y yo me quedé mirando ese mensaje como si no hubiera leído nunca algo así. Como si me descubrieran la fórmula secreta de la Coca-Cola. Y fue algo mucho mejor, ya lo creo que sí. Fue la fórmula que hizo sentirme querida, que me hizo sentir asombro, gratitud y orgullo. 

Y es que cuando alguien ajeno a tu vida ya no solo piensa en ti sino que  coge el móvil y escribe algo tan simple, con tanto significado, sincero y emotivo se merece que lo quieran igual. De la misma forma, sin quitar nada, en todo caso añadir. 

Sabemos que nuestros padres, hermanos, familiares y pareja nos quieren y cuando nos lo dicen ya lo tenemos tan asumido que no le damos el valor que se merece. Nos damos cuenta del significado tan grande cuando lo recibimos de alguien que tan agradecido está que lo que siente es que te quiere. No nos preguntamos por qué nos quiere un hermano, lo damos por hecho. Creemos que debe ser así, que es lo normal.  Nos sorprende que un amigo nos lo diga. Y nos llegamos a preguntar ¿nos lo merecemos?

Si nos lo dicen claro que sí. No es fácil sentirlo y decirlo mucho menos. Admiro a esa gente que sin pudor lo dice sin más porque necesita expresárselo al otro. 

Y yo soy afortunada porque no solo me quiere mi familia al completo, sino que hay una persona que dice quererme mucho, porque por alguna razón le hago sonreír. Y eso se paga con lo mismo. Queriéndola igual.

No hace falta que diga tu nombre, si eres hombre o mujer, sé que me lees y quiero que sepas que yo también te quiero mucho.

No lo olvides. 




jueves, 20 de febrero de 2014

Todo pasa por alguna razón...

Y es así. Llámalo magia, destino, suerte, casualidad...me da igual, pero algo hay que hace que las cosas pasen para bien o para mal.

Me cuenta mi amiga lo siguiente. Se encuentra mal un día y necesita hablar con alguien. Así que entra en un chat para hablar con alguien desconocido, contarle algo y desconectar. Y lo hace. Pero no desconecta. Encuentra a una persona que está peor que ella que le pide ayuda. Hablan y se caen bien. Tienen cosas en común. Ella está contenta porque valora la amistad y él parece ser que está igual. Un intercambio de teléfonos, unas llamadas y ahí está la cosa. 

Básicamente eso le pasó. Al igual que mi amiga, valoro muchísimo la amistad. Tener pareja está muy bien pero tener una amistad verdadera con alguien es fundamental. 

Aquel día había dos almas necesitadas de ser escuchadas y se encontraron en la red. A una hora, un día y encima coinciden ¿habrá cosa más difícil que esa? Pues ocurre. Que hay alguien ahí con ganas de conocer a una persona que la escuche, que le diga "vamos, todo va a salir bien" "estoy aquí, llámame si me necesitas".

No cuesta nada tender una mano, sentarte en una cafetería y escuchar, sonreírle a quien lo necesita. Todos necesitamos de todos. 

Se han prometido amistad verdadera y duradera. No sé si les saldrá bien, la verdad. Sé que ella está por la labor porque tienen muchas cosas en común y le gusta hablar con él. El tiempo es quien da y quita razones, es quien une y separa vidas y caminos. 

Ojalá y les vaya bien, ojalá y sean lo que parecen ser, almas gemelas. Al menos en la amistad.




(Post dedicado a alguien especial)

lunes, 30 de septiembre de 2013

Sin conexión.

Todo va bien hasta que nos damos cuenta de que no tenemos conexión en el móvil. Empezamos a sudar, a respirar con dificultad. Creemos que nos van a enviar todos los whatsapps del mundo y no los vamos a leer, llevamos semanas sin recibir un correo pero justo cuando no tienes conexión te llega y no lo puedes ver, y lo que es peor, en Twitter los ingeniosos van a estar sembrados y te lo vas a perder. Y te quieres morir. Cruzas los dedos y esperas a que el satélite quiera devolverte parte de tu vida, parte de tu motivo para existir. La conexión. 

Y una vez que la tienes y te das una vuelta por las redes sociales, tu segunda casa, te das cuenta de que nada ha cambiado. Gente que se queja, otra se ríe, otra recomienda...Todo igual.

Si la conexión empieza a fallar con asiduidad nos planteamos cambiar de compañía. Y ya le echamos cuenta a Jesús Vázquez y a sus sabios consejos. Y cambiamos. Y la felicidad vuelve a tu vida. Ella te quiere y tú la adoras. No te deja, está ahí para alegrarte pero si vuelve a darte la espalda  vuelves a cambiar. Vuelta a empezar.

Pero qué fácil es ¿verdad? Y con la gente, ¿es igual? Estás con una persona y tenéis buena relación, gustos similares, descubrís cosas juntos y todo va como la seda. 

Pasa el tiempo y el nexo falla. Ya no fluye como antes y Jesús Vázquez no te puede solucionar el problema porque no es cardiólogo ni psicólogo, es presentador de televisión. Lo tienes que solucionar tú. O sigues con una mala compañía que te da a medias alegrías o te lías la manta a la cabeza y te arriesgas a buscar otra. Pero ¿merece la pena dejar lo que has construido? Pienso que sí, porque si una construcción no está bien hecha desde el principio al final se cae sola. 

Al fin y al cabo, dos personas se unen porque son afines, porque dos hacen uno. Es una cuestión de elección y si no funciona, podemos empezar de nuevo. Porque se puede. Y si eres valiente y cambias te darás cuenta de que la vida sigue, siguen llegando los whatsapps, los e-mails, el ingenio a Twitter y eres el mismo pero más feliz porque has vuelto a conectar. De verdad.

He conocido a personas con las que he tenido una buena relación al principio pero que no funcionó y otras, perduran en el tiempo porque a pesar de no vernos o hablarnos en días tenemos no solo una bendita conexión sino una muy buena cobertura.