domingo, 16 de marzo de 2014

Te quiero mucho

La de veces que habremos dicho "te quiero mucho". Se lo decimos a nuestra pareja, a un hermano, a nuestros padres...y ¿a nuestro amigo? ¿a esa amiga que está ahí para lo bueno y lo malo? 

Ahí parece que cuesta un poco porque un te quiero cuesta, hay que sentir mucho para decirlo, hay que ser un valiente para resumir tanto en tres palabras. 

Y yo conozco a alguien así de valiente , que no sé si tiene o no hueco en el pecho para un corazón tan grande. Pero lo que tengo claro es que tuvo el arrojo suficiente para enviarme un mensaje al móvil con estas tres palabras "te quiero mucho".

Y yo me quedé mirando ese mensaje como si no hubiera leído nunca algo así. Como si me descubrieran la fórmula secreta de la Coca-Cola. Y fue algo mucho mejor, ya lo creo que sí. Fue la fórmula que hizo sentirme querida, que me hizo sentir asombro, gratitud y orgullo. 

Y es que cuando alguien ajeno a tu vida ya no solo piensa en ti sino que  coge el móvil y escribe algo tan simple, con tanto significado, sincero y emotivo se merece que lo quieran igual. De la misma forma, sin quitar nada, en todo caso añadir. 

Sabemos que nuestros padres, hermanos, familiares y pareja nos quieren y cuando nos lo dicen ya lo tenemos tan asumido que no le damos el valor que se merece. Nos damos cuenta del significado tan grande cuando lo recibimos de alguien que tan agradecido está que lo que siente es que te quiere. No nos preguntamos por qué nos quiere un hermano, lo damos por hecho. Creemos que debe ser así, que es lo normal.  Nos sorprende que un amigo nos lo diga. Y nos llegamos a preguntar ¿nos lo merecemos?

Si nos lo dicen claro que sí. No es fácil sentirlo y decirlo mucho menos. Admiro a esa gente que sin pudor lo dice sin más porque necesita expresárselo al otro. 

Y yo soy afortunada porque no solo me quiere mi familia al completo, sino que hay una persona que dice quererme mucho, porque por alguna razón le hago sonreír. Y eso se paga con lo mismo. Queriéndola igual.

No hace falta que diga tu nombre, si eres hombre o mujer, sé que me lees y quiero que sepas que yo también te quiero mucho.

No lo olvides. 




jueves, 20 de febrero de 2014

Todo pasa por alguna razón...

Y es así. Llámalo magia, destino, suerte, casualidad...me da igual, pero algo hay que hace que las cosas pasen para bien o para mal.

Me cuenta mi amiga lo siguiente. Se encuentra mal un día y necesita hablar con alguien. Así que entra en un chat para hablar con alguien desconocido, contarle algo y desconectar. Y lo hace. Pero no desconecta. Encuentra a una persona que está peor que ella que le pide ayuda. Hablan y se caen bien. Tienen cosas en común. Ella está contenta porque valora la amistad y él parece ser que está igual. Un intercambio de teléfonos, unas llamadas y ahí está la cosa. 

Básicamente eso le pasó. Al igual que mi amiga, valoro muchísimo la amistad. Tener pareja está muy bien pero tener una amistad verdadera con alguien es fundamental. 

Aquel día había dos almas necesitadas de ser escuchadas y se encontraron en la red. A una hora, un día y encima coinciden ¿habrá cosa más difícil que esa? Pues ocurre. Que hay alguien ahí con ganas de conocer a una persona que la escuche, que le diga "vamos, todo va a salir bien" "estoy aquí, llámame si me necesitas".

No cuesta nada tender una mano, sentarte en una cafetería y escuchar, sonreírle a quien lo necesita. Todos necesitamos de todos. 

Se han prometido amistad verdadera y duradera. No sé si les saldrá bien, la verdad. Sé que ella está por la labor porque tienen muchas cosas en común y le gusta hablar con él. El tiempo es quien da y quita razones, es quien une y separa vidas y caminos. 

Ojalá y les vaya bien, ojalá y sean lo que parecen ser, almas gemelas. Al menos en la amistad.




(Post dedicado a alguien especial)

lunes, 30 de septiembre de 2013

Sin conexión.

Todo va bien hasta que nos damos cuenta de que no tenemos conexión en el móvil. Empezamos a sudar, a respirar con dificultad. Creemos que nos van a enviar todos los whatsapps del mundo y no los vamos a leer, llevamos semanas sin recibir un correo pero justo cuando no tienes conexión te llega y no lo puedes ver, y lo que es peor, en Twitter los ingeniosos van a estar sembrados y te lo vas a perder. Y te quieres morir. Cruzas los dedos y esperas a que el satélite quiera devolverte parte de tu vida, parte de tu motivo para existir. La conexión. 

Y una vez que la tienes y te das una vuelta por las redes sociales, tu segunda casa, te das cuenta de que nada ha cambiado. Gente que se queja, otra se ríe, otra recomienda...Todo igual.

Si la conexión empieza a fallar con asiduidad nos planteamos cambiar de compañía. Y ya le echamos cuenta a Jesús Vázquez y a sus sabios consejos. Y cambiamos. Y la felicidad vuelve a tu vida. Ella te quiere y tú la adoras. No te deja, está ahí para alegrarte pero si vuelve a darte la espalda  vuelves a cambiar. Vuelta a empezar.

Pero qué fácil es ¿verdad? Y con la gente, ¿es igual? Estás con una persona y tenéis buena relación, gustos similares, descubrís cosas juntos y todo va como la seda. 

Pasa el tiempo y el nexo falla. Ya no fluye como antes y Jesús Vázquez no te puede solucionar el problema porque no es cardiólogo ni psicólogo, es presentador de televisión. Lo tienes que solucionar tú. O sigues con una mala compañía que te da a medias alegrías o te lías la manta a la cabeza y te arriesgas a buscar otra. Pero ¿merece la pena dejar lo que has construido? Pienso que sí, porque si una construcción no está bien hecha desde el principio al final se cae sola. 

Al fin y al cabo, dos personas se unen porque son afines, porque dos hacen uno. Es una cuestión de elección y si no funciona, podemos empezar de nuevo. Porque se puede. Y si eres valiente y cambias te darás cuenta de que la vida sigue, siguen llegando los whatsapps, los e-mails, el ingenio a Twitter y eres el mismo pero más feliz porque has vuelto a conectar. De verdad.

He conocido a personas con las que he tenido una buena relación al principio pero que no funcionó y otras, perduran en el tiempo porque a pesar de no vernos o hablarnos en días tenemos no solo una bendita conexión sino una muy buena cobertura. 

sábado, 7 de septiembre de 2013

50 cosas sobre mí.

Si quieres conocerme un poquito más, a continuación te cuento algo sobre mí resumido en 50 puntos. Empezamos...

1.- Soy piscis. Muy piscis. Si lees la definición sobre este signo del zodiaco, en parte soy yo.
2.- Me gusta mucho el color rosa y el blanco. 
3.- Le doy mucha importancia a los detalles pequeños y son los que se me quedan grabados.
4.- Soy muy sensorial. Si entro en una tienda, pastelería, casa o en algún otro sitio, no solo observo como es, también se me graba en la memoria el olor.
5.- Tengo un perro de raza labrador que se llama Fendi. Amor incondicional es lo que me da.
6.- Si una persona me importa y nos distanciamos le doy una segunda oportunidad a esa amistad. Si no me importa para nada, no pierdo el tiempo.
7.- Fui presentadora de una televisión local. No me desagradaba ese trabajo pero, a pesar de haberme ofrecido una nueva oportunidad en ese medio, para nada volvería a hacerlo. 
8.- No me gusta hablar por teléfono. Me encanta whatsapp y los correos electrónicos.
9.- Siempre tengo un libro que estoy leyendo en la mesita de noche y todas las noches leo antes de dormir.
10.- Llevo casada 6 años y 8 meses. Lo volvería a hacer mil veces más. Y con la misma persona.
11.- No me gusta que me regalen flores. Mueren. Si quiero flores las compro yo.
12.- Me gusta mucho el chocolate con leche.
13.- No me gusta prestar mis libros.
14.- Me encanta el maquillaje y la cosmética.
15.- Me enamoré de París cuando mi marido y yo la descubrimos juntos en nuestra luna de miel.
16.- Hay dos zonas en mi casa que me encantan: mi gran terraza con jardín y mi vestidor.
17.- Puedo ver sin cansarme la serie y películas de SATC una y otra vez.
18.- En mi móvil tengo el politono de SATC. Y cada vez que suena siento que soy Carrie.
19.- Me encanta la revista Vogue. La colecciono.
20.- No me gustan los niños, no tengo pero adoro a mi sobrino de casi dos añitos Rafa.
21.- Me gusta la playa en invierno, cuando puedo llevar a Fendi. No me gusta la playa en verano. No suelo ir.
22.- Me encantan los centros comerciales. Puedo estar todo un día en ellos si tienen todas las firmas que me gustan.
23.- Me encantan las tarjetas y postales. Me gusta mirarlas de vez en cuando.
24.- Me gusta hacer fotos. A todo. Hago fotos a todo.
25.- No me gusta la gente pretenciosa. Conozco a gente sencilla que por dentro son una pasada.
26.- Mafalda me gusta desde siempre.
27. Prefiero el dulce al salado.
28.- Cada vez como menos carne, podría alimentarme solo de pescado.
29.- Me gusta envolver los regalos con pequeños detalles.
30.- No me gusta el color verde.
31.- Soy rociera de corazón, de sentimiento. 
32.- Tengo un sexto sentido. Veo más allá de la persona y no me hace falta conocerla mucha para saber como es.
33.- Muchos de los presentimientos que he tenido se han cumplido.
34.- Me encanta el helado de stracciatella.
35.- No me gustan los pasteles. Pero me ganas con un croissant o una palmera de huevo.
36.- No estoy enganchada a las redes sociales. Si sobreviví a ellas puedo seguir viviendo sin conectarme.
37.- En muchas ocasiones me reservo mi opinión para no molestar a la otra persona.
38.- Siempre tengo que llevar las uñas pintadas.
39.- Soy miedosa. 
40.- Lloro con facilidad, sobre todo si tienen detalles bonitos conmigo.
41.- Me encanta el zapato de tacón. Estiliza la pierna y el cuerpo adopta una forma más bonita. No puedo ir plana. 
42.- Me gusta levantarme temprano aún acostándome tarde la noche anterior. 
43.- No me gusta ir al campo.
44. Me encantan las golosinas y no concibo ir al cine sin al menos palomitas.
45.- Me gusta mucho la lluvia y el olor que deja.
46.- Soy tímida.
47.- Las tiendas que venden libros me encantan. Puedo pasarme horas viendo libros. No me canso.
48.- Siempre le pongo la fecha y mi nombre a los libros que me compro o me regalan.
49.- No me gusta dar consejos, que me los pidan ni que me los den si no los he pedido.
50.- Soy feliz.

lunes, 15 de julio de 2013

¿Pequeños placeres?

Mi abuela, (sí, todavía tengo abuela y tiene una marcha increíble), me ha dado dinero. Como todas las abuelas con los nietos. Yo no suelo coger el dinero que me da, pero me ha dado 10 euros para que me tome un refresquito. Pensará que me los tomo en los Campos Elíseos por la cantidad que me dio. 

Y yo ese dinero lo he invertido en langostinos. Todo. El plan era, unos langostinos, una coca cola, una peli y a disfrutar. Un placer que me costó barato pero que para mi no tiene precio. No lo hubiera cambiado por nada, ni por una terraza chill out con su cóctel y sus hamacas blancas. No.

Y es que esos grandes placeres son los que en realidad me hacen feliz. Una mesa en el jardín, con un mantel de lino, con velas, y de cena ensaladas, carne a la brasa y unos amigos alrededor contando cosas y riéndonos. Tengo la suerte de poder vivir estos momentos.

O si no el momento baño. Es costumbre en mi usar un gel distinto los fines de semana. Ese gel con un olor especial, diferente al del resto de la semana y que por lo general suele venir en un envase más pequeño. Ese. Mi hora semanal dedicada a ponerme mascarillas capilares. Me siento nueva. Me da una sensación de relax.

¿Que tienes un mal día? Cómprate unos zapatos. Es frívolo, caprichoso y tal vez innecesario pero funciona. Me ha pasado. Y quería probar esa teoría que he escuchado más de una vez. Te cambia la cara. El estado de ánimo mejora cuando te dan tu cajita y sabes que dentro hay unos zapatos que te harán más fabulosa aún si cabe. Si estás pensando en este punto que es una tontería prueba. 

Salir a la terraza de casa con un libro y una copa de vino, preparar unos bocadillos y llevarlos a la playa al atardecer, tomar un helado de stracciatella...

Y prueba también los langostinos. Así, porque te apetecen. Porque invertir el dinero en un pintalabios de MAC está muy, pero que muy bien, pero el placer de ese momento, de verdad, no tiene precio.

Mis placeres no son pequeños, son grandes porque yo los hago así.

Así que repasando esos pequeños placeres que tengo me he dado cuenta de una cosa, son grandes. Enormes. Y cuestan poco. Casi nada...







lunes, 1 de abril de 2013

Adiós, marzo...

Ya ha pasado. Ya se fue. Ya se terminó un mes repleto de cosas bonitas. 

En marzo celebro mi cumpleaños. Y aunque no es una fecha que me guste locamente, este año ha sido especial, ha sido diferente en cuanto a sentimientos porque me ha gustado mucho ese día. Tuve regalos muy bonitos y especiales. 

En marzo celebramos el Día de la Mujer. Tengo dos opiniones sobre la celebración internacional de este día pero como soy mujer me gusta que en el calendario haya un día para nosotras, para nuestras antepasadas que hicieron que hoy vivamos mejor, para acordarnos de todas esas mujeres que no tienen la misma suerte o posibilidades que nosotras...

En marzo se eligió una fecha para celebrar el día de la Felicidad. No sabía que este día existía. ¿Inventamos días porque necesitamos celebrar cosas? ¿Estamos faltos de celebrar o recordar que somos felices con lo que somos? ¿Con lo que tenemos? En cualquier caso, todos los días doy gracias a Dios por todo lo que tengo y soy feliz.  Inmensamente feliz. 

En Valencia, la tierra donde nací y donde tan solo estuve los primeros cuatro años de mi vida se celebran las Fallas y no se hacen en otro mes que no sea en marzo donde se celebra, claro está, la festividad de San José. 

En el tercer mes del año, nos acordamos de las personas con Síndrome de Down y de la Poesía tan necesaria a veces. Celebramos también el día Mundial del Agua, del Teatro...

Este año la Semana Santa ha caído en marzo. Semana de Pasión donde las haya y tuvimos un nuevo Papa.

Y es un mes donde se termina el invierno y empieza la primavera, dos estaciones del año tan opuestas y con tanto encanto cada una. 

Marzo, has sido bueno conmigo y yo tan contenta de haber nacido en el que para mí es el mejor mes del año.  

El año que viene quiero que seas igual de especial...

miércoles, 20 de marzo de 2013

Redes

Si a estas alturas dijera que me ha hecho ilusión leer un tuit bonito sobre mi no sería nada nuevo, si digo que ha sido de una persona que no conozco personalmente, tampoco. Y es que, a muchos, eso ya no le sorprende. Nos estamos acostumbrando a tener seguidores en el blog, en facebook, en twitter en cualquier medio digital. 

A mi me sigue sorprendiendo ese tipo de mensajes. El que he leído hace unas horas es de una chica que no conozco personalmente, no la he visto en mi vida y tampoco nos hemos cruzado por la calle porque ni siquiera vivimos en la misma ciudad. Hemos intercambiado varios mensajes, nos hemos caído bien y sin más escribió algo bonito para mi.

Y a mi me ilusiona.

Soy de las que si van a escribir un comentario lo piensa antes, si mando un beso es sincero y si algo no me gusta lo digo pero sin ofender. ¿No hacemos eso en la vida real? 

Me gustan las redes sociales y soy lo más activa posible en ellas. No le veo sentido estar en una red y no aportar nada, no escribir nada, no compartir nada. En la red he conocido a gente fantástica y gente fantasma. De estos últimos para qué hablar. Gente importante. Me gusta interaccionar con las personas a las que sigo, agradecer a los que me siguen a mi. Gracias al mundo 2.0 he podido acercarme a gente que creía que jamás lo haría. Es curiosísimo estar en tu casa, en el sofá, con la chimenea encendida o en la terraza tomando un café y poder estar hablando con alguien que está en Madrid o Nueva York. 

Me hago la siguiente pregunta, ¿Nos acercaríamos a una persona desconocida en la calle para decirle cualquier cosa? En la red, si alguien escribe "hoy estoy triste" "tengo un bajón" "vaya chasco de día"... las preguntas y los "ánimo" se multiplican, si vemos en una cafetería, centro comercial, autobús o en cualquier sitio a alguien que lo está pasando mal ¿Le preguntamos que le pasa? ¿Le damos ánimos? Para nada, al menos yo no soy capaz, sin embargo con un teclado y una pantalla por delante si. 

¿Preferimos el contacto a través de una red social? ¿Somos nosotros realmente? ¿Son amigos verdaderos los que, como nosotros, están detrás de una pantalla?  Yo tengo experiencias muy buenas gracias a la red y otras no tanta. Lo que si es cierto es que esta forma de comunicarse, buscar información y relacionarse es una maravillosa ventana al mundo. 

Soy una persona tímida y si me dicen algo bonito me quedo cortada, me pongo colorada y es curiosísimo pero en la red siento lo mismo. 

¿Es mejor esta forma de comunicarse y conocer gente que la del contacto físico?